martes, 29 de enero de 2013

Day 4: los chungueleh de Burdefa

Bueeeeno, la cosa se va animando una miaja. Ya nos estamos acostumbrando a la ducha asesina, a las ollas de paleozoico de la cocina y los ruidos extraños que a veces oigo... (¿ratones? Ñam). También va llegando más gente, e incluso hay veces en que no está lloviendo y todo (eso me pasa por cantar).
La idea era ir a visitar a Anca (la jefa de los ERASMUS aquí, vaya) para que nos diera una serie de papeles y nos indicara cómo hacernos una cuenta de banco.. Necesitamos el tranvía para llegar hasta la uni, así que pensamos en comprarnos un ticket de 10 viajes hasta que podamos comprarnos el mensual. EEERRROOOOOOOR. Las máquinas no aceptan billetes ni tarjetas extranjeras, (¡RACISTAS!) así que cogemos un ticket simple para llegar hasta la ECE. And guess what? La oficina de inetrnacionales estaba en el último piso y sin ascensor. MÁS ESCALERAS. ESCALERAS POR TODAS PARTES. SUEÑO CON ESCALERAS.
Valió la pena subir, sin embargo. Anca es muy maja y quiere querernos mucho (?) a tenor de que tiene fotos de los del último semestre colgadas en la pared. Recogemos nuestro carnet de estudiante (estuqué?) y nos disponemos a volver... ¡sin pagar el tranvía! HAN LLEGADO LOS CHUNGOHS DE EHPANJA, OLLE SHUR? Que es 1,40 € por viaje, eeehh... és gravíssim...
Por la noche teníamos reunioncilla en casa de Stephanie, de padre brasileño y madre danesa (Lucía es la corista, de una roquestra de poca monta...(8)). Nos tuvimos que despedir antes de Ana (:'(), pues partía hacia Mordor (España, leñe) mañana y nada, que al piso fuimos. Y vaya piso, como se cuida la chiquilla: moderno, simplista, con una cocina ordenada (que si la comparas con la nuestra, ésta se tira por la ventana); y ella nos recibe bebiendo una copilla de tinto. Vamos, que no sabía si seguía en Burdeos o me había mudado a un rascacielos de Nueva York. Sólo faltaba la música de Barry White (que era negro, tócatelos) de fondo.
La miniparty nos vino bien para coger ánimo, tanto ella como dos chavales alemanes que vinieron se mostraron más abiertos a hacer cosillas que los otros erasmus que habíamos visto en los días anteriores. Edu se pulió una botella de vino solo (bueno, con Alejandro desde boxes dándole ánimos) para hacerle la competencia a Stephanie y los alemanes jugaron la otra semifinal a Heyneckens (se las deben regalar, ni que fuera agua pishah). En fin, volvimos a casa (y seguimos sin pagar, en una de éstas montamos un conflicto internacional) a esperar otro día más.

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